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Ensayo en Primera Persona escrito por Casey Swartz

En la lista de recomendaciones en salud pública que se sabe que ayudan a detener la pandemia mundial de coronavirus, el uso de mascarillas y el distanciamiento social se encuentran en primer lugar. Desafortunadamente, el cumplimiento de estas medidas básicas de salud pública se ha politizado, lo que ha llevado a algunas personas a negarse a hacer una o ambas. Otros pueden tener motivos que no podemos ver a simple vista para no seguir el protocolo de salud pública.

No siempre podemos saber qué motiva a los demás. Solo podemos cambiar la forma en que reaccionamos y cómo abogamos por nosotros mismos y nuestras necesidades.

Cuando vemos personas que no usan mascarillas o no participan en el distanciamiento social, muchos de nosotros nos encontramos en dilemas incómodos y llenos de ansiedad. La intensidad de las reacciones generalmente aumenta si tu o alguien con quien estás en contacto tiene una condición médica que los hace más vulnerables al COVID-19.

Como terapeuta en trauma, he ayudado a muchos de mis clientes a identificar y luego encontrar formas de abordar la ansiedad paralizante que puede dificultar la abogacía de asuntos como las medidas de salud pública.

A muchos de nosotros no se nos han enseñado habilidades de auto abogacía. Esto es especialmente cierto para niñas y mujeres. En cambio, ser educado y amable se han inculcado como habilidades muy valiosas para que los niños desarrollen (y como madre de tres hijos, ¡no estoy en desacuerdo!). Pero a veces también fallamos en enseñar a los niños, especialmente a las niñas, que defenderse a sí mismos y a los demás es tan importante como ser amable o educado.

Sin las habilidades para auto abogacía y defender a los demás, las personas gravitan hacia formas pasivo-agresivas o totalmente agresivas de expresar su disgusto y malestar. Piensa en los comentarios desagradables en voz baja, publicaciones en redes sociales ambiguas pero agresivas, o dejar en vergüenza en público.

La reacción hacia quienes se niegan a usar mascarillas es el ejemplo perfecto de una sociedad que carece de las habilidades para cambiar el comportamiento público tanto en escala micro como macro. La ansiedad con la que todos vivimos puede activar nuestros mecanismos de defensa, creando barreras para comunicarnos de manera respetuosa y pacíficamente entre nosotros. Las personas con antecedentes de traumas físicos o emocionales usualmente se encuentran enfrentando aún más barreras para mantener conversaciones tranquilas y productivas por temor a tener que pedirle a un extraño que se coloque una mascarilla o que tome su distancia y que esa situación pudiese escalar rápidamente y volverse inmanejable.

Si bien no existe una solución única, hay algunas consideraciones que yo animaría a las personas a hacer cuando se trata de tocar el tema del uso de mascarillas (o la falta de ellas) en espacios públicos:

Toma el control de lo que este a tu alcance

Esta pandemia mundial ha creado una sensación constante de incertidumbre y falta de control en todos nosotros. Como mínimo, tienes el control para decidir si quieres estar en un espacio público o no. Puede parecer exagerado dejar un carrito lleno en el supermercado o salir de una farmacia sin tu medicamento, pero si el riesgo parece mayor, se intencional acerca de tu capacidad de actuar y toma la decisión que resulte mejor para ti. Muchas también tenemos el privilegio de decidir dónde gastar nuestro dinero. Si una tienda, un consultorio médico o un restaurante no parecen tener tu salud como una prioridad, explora otras opciones con las que puedas sentirte bien.

“La reacción a aquellos que se niegan a usar máscarillas es el ejemplo perfecto de una sociedad que carece de las habilidades para cambiar el comportamiento público tanto de manera micro como macro”, escribe Casey Swartz, terapeuta certificada de trauma con práctica privada. “La ansiedad con la que todos vivimos puede poner nuestros mecanismos de defensa a toda marcha, creando barreras para comunicarnos respetuosa y pacíficamente entre nosotros”. (Foto de Jay Manning / PublicSource)

Conserva la calma

Está bien sentirse ansioso o enojado cuando vemos que alguien no está tomando las medidas básicas de seguridad. Pero es importante recordar que incluso si nos sentimos realmente seguros de saber qué motiva la decisión de un extraño, en realidad solo estamos asumiendo algo. La persona que acaba de pasar sin mascarilla puede tener sus propios problemas de salud física o mental que no podemos ver a simple vista. Recuerda que algunas personas, especialmente las personas de color, tienen motivos para sentir miedo al cubrirse la cara en público. Usar una mascarilla podría exponerlos a perfiles raciales y acoso policial, o algo peor.

Comunica tus inquietudes

Puedes tomar el control sobre cómo deseas comunicarte. ¿Quieres preguntarle directamente a la persona si se pondría una mascarilla o que tome más distancia? ¿Quiere expresar tu preocupación al dueño/gerente de la tienda? ¿Te sentirías mejor haciendo una llamada telefónica o enviando un correo electrónico que teniendo una conversación presencial? Puedes elegir lo que sea mejor para ti.

Comunica tus inquietudes de manera efectiva

Si lo incómodo de la confrontación directa es tu preocupación, concéntrate en comunicar tus necesidades. En lugar de enfrentar a un extraño con ira o enojo, usa esas sutilezas sociales que nos inculcaron. Trata de acercarse amablemente con algo como: “Hola, estoy aplicando el distanciamiento social, ¿Podrías ayudarme con eso al retroceder un poco?” Si abogar para ti mismo se siente extraño, introduce algunos puntos de conversación. Ten dos o tres “respuestas prediseñadas” para usar cuando necesites solicitar que alguien se ponga una mascarilla antes de hablar contigo. Practica el uso de esas respuestas para que, si las necesita, te sienta más cómodo.

Recuerda, no podemos controlar a otras personas, pero podemos controlarnos a nosotros mismos. Mereces sentirte segura tanto física y emocionalmente. Una discusión con un extraño, permanecer en un espacio en la que no te sientes seguro o no defender tus necesidades no te ayudará a lograr esa sensación de seguridad. Entonces, antes de encontrarte en una situación difícil, piensa cómo te gustaría abordarla. Será más probable que respondas en lugar de reaccionar y, como resultado, te sentirás mejor al respecto.

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