POR LA ESCRITORA INVITADA: Dra. Kenya Carmen Dworkin y Méndez, Profesora de Carnegie Mellon University y Co-Presidenta del Latin American Cultural Union


Introducción – Aunque parezca sencilla la idea, la presencia latina en EE.UU. representa un tema complicado y desconocido por muchos, tanto por latinos emigrados, como por los que nacieron aquí. Para bien o para mal, el muy mentado Mes de la Hispanidad nos obliga a reconocer que lo latino en las Américas y, sobre todo en lo que devino en EE.UU., se hizo realidad más de 100 años antes de la colonización de esta tierra por los anglosajones.

            Por importante que sea 1776 para la historia de EE.UU., cuando la nación que comenzó con 13 estados contiguos y continentales y luego se extendió a 50, incluso con posesiones ultramarinas, nació. Este enfoque obvia la llegada anterior de los españoles, en 1513, que marcó el primer contacto europeo e indígena con esta región del mal nombrado ‘Nuevo Mundo’. Asimismo, tampoco nos invita a indagar o siquiera fantasear sobre la turbulenta experiencia europea, indígena, negra y mestiza de los más de 260 años de presencia española y su resultado en este territorio. Mucho menos nos induce a reflexionar sobre la amplia documentación y creación textual de esa experiencia en nuestra lengua.

            El Siglo Español (nombre usado por la historiografía estadounidense para hablar de la anterior “limitada” presencia hispana en su tierra), periodo que en realidad duró desde 1513 hasta el siglo XIX. Durante ese trecho no sólo se extendió de este a oeste EE.UU. al guerrear con México para quitarle la mitad de su territorio, sino que también, bajo distintas circunstancias y en forma ultramarina, cuando adquirió Cuba, Puerto Rico y hasta Filipinas. En cuanto a nosotros, en esa historia ‘documentada’ y ‘oficial’ de de EE.UU. jamás ha tomado en cuenta el amplio corpus textual que se produjo durante los más de 500 años después del ‘Encuentro,’ como tampoco el hecho que la primera imprenta manual llegó a estos lares desde España por medio de México.

            Como amante de la literatura e historia, utilizo una amplia definición de ambas, y reconozco que hay muchos distintos criterios sociales y económicos que condicionan cómo y cuándo algo pueda ser escrito, publicado y leído. Por eso quisiera invitarles a recorrer aquí un mínimo rescate de esta memoria de sólo unas cuantas muestras de las muchas que hay que evidencian textualmente nuestra presencia aquí por cientos de años. Y, como miembros de la ‘mayor’ comunidad minoritaria de este país y naturales constructores y herederos de nuestro futuro colectivo, estaríamos cumpliendo con una deuda auto impuesta pero no irremediable de realmente ‘conocernos’.

            Uno de los primeros retos al intentar organizar este corpus antes de y en territorio estadounidense es la categorización, una tarea desafiante ya que estamos hablando de la evidencia textual de las memorias de peninsulares; los indígenas y mestizos hispanizados; los africanos igualmente mezclados e hispanizados y sus descendientes. No hay que olvidar tampoco a los refugiados exiliados, algunos resignados, otros esperanzados, ni a los transfronterizos, para quienes las fronteras nunca han representado una constante o a la descendencia de todos ellos. Y por último, hay que recordar que la cronología también puede representar un instrumento útil o un obstáculo.

Desde el siglo veinte hacia atrás

            Mi intención general con ésta y una futura segunda entrega es presentar alguna evidencia de la más temprana de esta larga y duradera evidencia impresa de la presencia latina en lo que devino en EE.UU. Empecemos marcha atrás con unos pocos ejemplos del siglo veinte, por ejemplo la novela Lucas Guevara (1914) del colombiano Alirio Díaz Guerra. Fue la primera obra publicada en español sobre la inmigración a los EE.UU. Transmite una visión crítica de la vida del emigrado latino no sólo ante la sociedad anglosajona, sino también ante el maltrato de sus coterráneos. También está el nicaragüense Gustavo Alemán Bolaños y su novela La factoría, que documenta sus peripecias como trabajador inmigrante en una fábrica mecanizada en Nueva York, en 1921. “Las cartas gredalenses” del venezolano Nicanor Bolet Peraza analizan con crítica cómica pero mordaz los mentados “logros” y “beneficios” de la modernidad en Estados Unidos. Por su lado, el mexicano Daniel Venegas, en su novela titulada Las aventuras de don Chipote, o Cuando los pericos mamen (1928), ofrece otra crítica, pero esta vez cantinflesca, de la odisea de un humilde mexicano venido al famoso Norte y su fiel aunque raquítico perro, Sufrelhambre. Entre los periodistas y cronistas del mismo siglo destacan los puertorriqueños Jesús Colón (1901-1974) y Bernardo Vega (1885-1965), cuya prolífica obra ensayística y periodística revela su propia evolución social y la de muchos otros migrantes.

Entre las periodistas y poetas del siglo está la mexicoamericana Jovita Idar, que llegó a ser editora jefe del periódico tejano La Crónica, en que abogó por los derechos humanos de los mexicotejanos e inmigrantes, el sufragio y las acciones del gobierno estadounidense hacia el estado de Tejas. Los escritos de la activista y escritora puertorriqueña Consuelo Lee Tapia, que publicó incansablemente sobre las tribulaciones de no sólo su propio pueblo sino las de todos los latinos, se encuentran en el periódico Pueblos Hispanos en la década de los cuarenta. Otra reconocida poeta y activista es la puertorriqueña Julia de Burgos, cuyo mejor conocido poema, “Adiós en Welfare Island”, documenta la lucha de los emigrados puertorriqueños en Nueva York como ciudadanos racializados y de segunda clase, mientras que la dominicana Carmita Landestoy, por su eventual oposición al régimen de Trujillo en su país, publica en Nueva York el tratado “¡Yo también acuso!”. Y sobre el horror físico y espiritual provocado de la junta militar chilena de Pinochet, de la cual pudo escapar la exiliada argentina-chilena Emma Sepúlveda, está su poemario Muerte al silencio.

Hasta la próxima

Dejemos aquí nuestro minúsculo recorrido de esta historia. La próxima entrega conectará algunos escritos más del siglo XX con otros anteriores, extendiéndose hasta establecer numerosos hitos textuales que evidencia que, efectivamente, que ni en dos entregas ni en un mes (el de la hispanidad) se le puede hacer justicia a más de 500 años de historia tanto singular como compartida.

La Dra. Kenya Carmen Dworkin y Méndez nació en La Habana, Cuba y se crió en New York City. Habla inglés y español. Es profesora de Estudios Hispanos y Traducción en Carnegie Mellon University. A través de los últimos 25 años, ha recibido un total de $250,000 para proyectos de investigación, educación de la comunidad, para las artes, y también forma parte de numerosas juntas directivas editoriales y de investigación tanto en los EE.UU. como en el extranjero. En Pittsburgh, sirve de voluntaria como Directora Ejecutiva del Coro Latinoamericano, Co-Presidenta del Latin American Cultural Union, y Co-Directora del programa comunitario para niños, CIRCULO, de Carnegie Mellon University. Información de contacto para Kenya: 412-721-9208 o kdworkin@andrew.cmu.edu.

1 thought on “¿500 años no son nada?

  1. Felicidades a PRESENTE por publicar un pedazo de historia hispana en los EEUU que no es publica! ni se encuentra en los libros de historia. Gracias tambien a Kenya! y que vengan mas!

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