HARRISBURG — La administración Wolf comenzará su experimento de reapertura la próxima semana en una gran parte del norte de Pensilvania, el primer paso en el plan escalonado para levantar gradualmente las órdenes radicales que han detenido casi todos los aspectos de la vida diaria en todo el estado.

El gobernador Tom Wolf anunció el viernes que 24 condados del noroeste y centro-norte podrán ingresar a la “fase amarilla” de su plan de reapertura codificado por colores el 8 de mayo, permitiendo que las empresas reanuden las operaciones en persona y que los residentes abandonen libremente sus hogares su toman las precauciones necesarias.

Los condados autorizados son Bradford, Cameron, Centre, Clarion, Clearfield, Clinton, Crawford, Elk, Erie, Forest, Jefferson, Lawrence, Lycoming, McKean, Mercer, Montour, Northumberland, Potter, Snyder, Sullivan, Tioga, Union, Venango, y Warren. No se proporcionó un cronograma para la reapertura de los demás condados.

Los funcionarios estatales también describieron ampliamente cómo planean aumentar las pruebas y hacer el seguimiento de contacto hasta los niveles necesarios para reabrir el estado de manera segura. Pero el objetivo de la prueba está muy por debajo de lo que la mayoría de los expertos nacionales dicen que es necesario, mientras que el plan de seguimiento de contacto carecía de detalles sobre cuántas personas serán contratadas por el estado para realizar estas cruciales investigaciones.

En marzo, Wolf cerró gran parte de la economía del estado y comenzó a implementar órdenes de quedarse en casa para evitar que los hospitales se vieran abrumados por los casos de COVID-19. A medida que los legisladores republicanos continuaron presionaron al gobernador para que levantara las restricciones sobre algunos de los sectores afectados, Wolf anunció que permitiría que se reanudaran las actividades de construcción en todo el estado y que se reabrieran los campos de golf, los campamentos y los centros de deportes acuáticos, siempre que se tomen las precauciones necesarias en el sitio.

Los condados que reabrirán la próxima semana seguirán teniendo algunas restricciones. Se prohibirán las reuniones sociales grandes y muchas de las actividades de la vida diaria, actividades como trabajar hasta ir de compras o socializar seguirán restringidas. Y en caso de que hubiera un aumento en los casos, el gobernador dijo que se restablecería rápidamente el cierre estricto y las ordenes de permanecer en casa.

Pero en su sesión informativa vespertina del viernes, Wolf trató de dar una nota positiva, atribuyendo el frenado en la propagación del virus a la voluntad de los residentes de todo el estado a quedarse encasa.

“En los últimos dos meses, los residentes de Pensilvania en todos los rincones de nuestra comunidad han actuado colectivamente para detener la propagación del COVID-19,” dijo el gobernador. “Cada una de estas acciones parece pequeña individualmente, pero en conjunto, construyeron un arma poderosa contra el COVID-19″.

En la fase amarilla, las empresas deben proporcionar opciones de trabajo a distancia a los empleados si su trabajo se puede realizar de forma remota. Si este no es posible, podrán volver a abrir con ciertas precauciones de seguridad, que se anunciarán la próxima semana.

Las operaciones de los centros de cuidado infantil podrán reanudarse y las tiendas minoristas podrán reabrir y recibir clientes, aunque se recomienda que se mantenga la recolección en la acera y las entregas a domicilio, y se deberán tomar ciertas precauciones de seguridad.

Los gimnasios, teatros, centros de recreación bajo techo, salones de belleza y manicura, y los casinos permanecerán cerrados. Los restaurantes y bares solo podrán ofrecer comida para llevar.

El gobernador enfatizó que, si ocurre un nuevo brote, su administración se moverá rápidamente para restablecer el cierre de negocios y la orden de permanecer en casa. Si no hay propagación, la siguiente sería la fase “verde”, donde se levantaría la mayoría de las restricciones.

“Los residentes de Pensilvania que vivan en un condado que ha sido trasladado a la categoría amarilla deberán seguir considerando seriamente el impacto de sus acciones”, dijo Wolf en un comunicado.

Wolf dijo que los 24 condados fueron seleccionados en parte por su bajo número de casos y su capacidad para realizar pruebas y hacer el seguimiento de contactos. También se encuentran en las áreas con menos densidad de población del estado.

La administración dijo que se han asociado con la Universidad Carnegie Mellon para crear una herramienta que los ayudará a guiar sus decisiones de reapertura. El modelo analiza los factores de riesgo, como el número de casos per cápita, la densidad de población, la capacidad de camas hospitalarias y el número de trabajadores empleados en una industria actualmente cerrada.

Esas métricas se consideran junto con la capacidad de un condado o región para realizar pruebas y hacer el seguimiento de contactos.

Aunque la administración dijo que anunciaría métricas específicas para diagnosticar y hacer el seguimiento de casos, los planes publicados el viernes dejaron preguntas sin respuesta.

Las pruebas aún se centrarán en personas con síntomas, así como en poblaciones de alto riesgo, trabajadores de salud y socorristas. Según el plan del viernes, la población del estado ha sido dividida en seis regiones con el objetivo de realizar pruebas mensualmente al 2% de las personas en cada una de esas áreas.

Para la parte sureste del estado, que está entre las más afectadas, la meta se traduce en 104,670 pruebas cada mes. Para todo el estado, serían alrededor de 256,000.

Hasta esta semana, Pensilvania ha tenido un promedio de alrededor de 5,500 pruebas por día, o alrededor de 165,000 por mes.

No se aclaró inmediatamente cómo el estado pretende aumentar las pruebas. La secretaria de Salud, Rachel Levine, dijo que el plan es que hospitales, laboratorios y sistemas de salud privados, farmacias comerciales y otros lugares sean los que realicen las pruebas. El objetivo es que el 90% de los residentes del estado tengan un sito de pruebas a no más de 45 millas de su vivienda.

En cuanto al seguimiento de contactos, los funcionarios de salud dijeron que dependerán de personal adicional, asociaciones con los sistemas hospitalarios locales y el uso de la tecnología.

Pero el plan que dio a conocer el gobierno el viernes no especificó el número de personas necesarias para completar el trabajo, y proporcionó pocos detalles sobre su estrategia para las regiones más pobladas del estado. Aproximadamente el 60% del estado depende actualmente de 131 enfermeras de salud pública para realizar el trabajo, un número que se ha reducido con los años debido a los recortes presupuestarios.

La reportera Aneri Pattani de Spotlight PA contribuyó a esta historia.

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